China contra el Dalai Lama (III): arde el Tíbet

La libertad de expresión en el Tíbet se ha restringido al límite y el control de la información es máximo, hasta llegar al punto de que el Gobierno chino ha vetado y cerrado todos los blogs provenientes de monjes budistas tibetanos, y algunas grandes empresas como Google o YouTube han permitido colocar filtros dentro de las fronteras de China, para evitar que la información acerca de la situación tibetana llegue a la ciudadanía china.

Desde el mes de marzo del pasado año 2011, la situación ha llegado a un punto extremo. La petición por parte de los monjes budistas tibetanos del respeto a los derechos fundamentales, así como el regreso del Dalai Lama a su residencia original en el templo Potala de Lhasa, han llegado a su extrema manifestación a través de una serie de autoinmolaciones de monjes tibetanos. Como consecuencia de la censura férrea china y el silencio internacional ante el conflicto sino-tibetano, muchos monjes han decidido que la mejor manera de denunciar la injusticia bajo la que llevan viviendo tantos años es quemarse a lo bonzo. En el periodo de siete meses, desde marzo hasta noviembre de 2011, el número de monjes tibetanos que habían acabado con su vida inmolándose, y pidiendo momentos antes de morir el respeto a la libertad religiosa en China y el regreso del Dalai al Tíbet, había llegado a diez.

Salil Shetty, secretario general de Amnistía Internacional, declaró en el mes de noviembre, tras la inmolación del décimo monje tibetano que acabó con su vida luchando por la justicia, que las políticas represivas chinas atentan contra las libertades fundamentales de los tibetanos, y las autoridades chinas no han respondido a sus demandas, sino que «han recurrido a tácticas de mano dura que sólo pueden profundizar y aumentar los resentimientos[1]». Las respuestas del Gobierno chino ante la ingente cantidad de inmolaciones llevadas a cabo por los monjes tibetanos se traducen en detenciones en masa, encarcelamientos y posibles asesinatos por parte de las fuerzas de seguridad: más de 300 monjes de monasterio de Kirti –en la provincia china de Sechuan– fueron detenidos por la policía china para someterlos a «educación patriótica».

A día 13 de enero, ya eran tres lo monjes tibetanos que se habían prendido fuego a lo bonzo en el Tíbet y 15 desde que dieran comienzo las inmolaciones el pasado mes de marzo. La mayoría de las inmolaciones se están llevando a cabo en el monasterio sechuaní de Kirti, donde habían sido detenidos más de 300 monjes. El budismo no acepta el suicidio, se considera inútil en el sentido de que el hombre obliga a una nueva reencarnación, una nueva vuelta al mundo y una nueva vuelta a los dolores;  aunque se permite a los discípulos que ya han experimentado el nirvana. En el budismo tibetano, hay una tradición de autosacrificio que no está mal vista, y es en beneficio de los demás. A este tipo de autosacrificio se dirigen los lamas que se están inmolando desde marzo de 2011, a pesar de que Pekín acusó al Dalai y a sus monjes tibetanos de estar cometiendo «terrorismo disfrazado».

El 24 de enero, se publicó la noticia de que Estados Unidos expresaba su «grave preocupación» por la situación del conflicto sino-tibetano, debido a los informes recibidos sobre las inmolaciones en el Tíbet. María Otero, responsable y coordinadora especial de Estados Unidos para los Asuntos Tibetanos, declaró que existía cierta información que condenaba al Gobierno chino, culpable de abrir fuego contra los manifestantes, matando e hiriendo a muchos de los monjes. Por lo tanto, Estados Unidos insta a Pekín a que reduzca su control por parte del Gobierno sobre la vida práctica religiosa tibetana, y que «afronte sus políticas contraproducentes en las áreas del Tíbet que han creado tensiones y amenazan la diferente identidad religiosa, cultural y lingüística del Tíbet». Pekín, por su lado, atribuye los atentados e incidentes violentos, al Dalai Lama y su instalación en la India en 1959.

La ola de inmolaciones en el Tíbet no parece que se vaya a detener. El pasado 14 de febrero [ayer], se publicó la noticia de la vigésimo segunda muerte a lo bonzo por la lucha de la libertad en Tíbet. Ante esta situación, Pekín empieza a ponerse nervioso, y la situación empieza a escapársele de las manos. El Gobierno chino ha advertido a sus funcionarios que si no son capaces de mantener la estabilidad en Tíbet, se enfrentan a despidos y cargos penales. El jefe del PCCh de Tíbet considera el conflicto actual sino-tibetano como una «guerra contra el sabotaje secesionista del Dalai Lama» y no dejan de mencionar las conspiraciones por parte de los monjes tibetanos al Gobierno chino. Tsering Tsomo, directora ejecutiva del Centro Tibetano por los Derechos Humanos y la Democracia, explicó al diario Público que «los tibetanos se están inmolando porque se sienten frustrados con el actual estado de represión y por el total desinterés del Gobierno chino por escuchar y resolver sus agravios. Las inmolaciones son gestos desesperados contra las políticas represivas de China, a favor del retorno del Dalai Lama en Tíbet y también una súplica de ayuda dirigida a la comunidad internacional».

Mientras el Gobierno chino lleva a cabo una campaña de lo que denomina «educación patriótica» –inspecciones sorpresa en los monasterios, cámaras de vídeo, vigilancia en las comunidades tibetanas, micrófonos, torres de control, detenciones arbitrarias de monjes, desapariciones forzosas y casos de tortura, según Kyabje Rinpoche, abad y líder espiritual budista–, el Tíbet «muere entre las llamas».


[1] Según palabras del autor de “Derechos humanos en China: inmolaciones en el Tíbet por las libertades básicas” de Periodistas en español.

Fotos: Lhasa, el lugar de los dioses II” en Viajes de compras; Amnistía Internacional y robada de Público –fotógrafo: Diptendu Du (AFP)–; Spanish.TibetOffice.org.

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