La libertad es poder querer no ser ‘Charlie Hebdo’

El escepticismo en torno a la reacción, a nivel mundial, por los acontecimientos que provocaron lágrimas inundadas de terror en París entre el 7 y el 9 de enero no ha tardado en salir a la luz. Y con la mayor de las razones. La hipocresía ha sido una de los principales visitantes a este #JeSuisCharlie al que nos hemos unido muchas personas, tantas que se ha convertido en el hashtag más utilizado en la historia de Twitter.

Medios a los que le molesta el humor contra el cristianismo y alaban el humor contra el islam; presidentes de Gobierno que acuden, con todo lo que ello conlleva, a manifestaciones en defensa de la libertad de expresión a un país vecino mientras en su propio país aprueba leyes que la restringen… son muchos los que han querido ser Charlies este fin de semana, para volver, el lunes, a ser el charlie de la libertad de expresión.

Y son muchos otros los que han decidido, abiertamente, no unirse a esta integración entre Charlie Hebdo y libertad de expresión y expresarse en otros términos. #IamNotCharlie. Ellos también son, sin ser ningún Charlie, detractores de todo lo que ocurrió la semana pasada y que acabó con la vida de 17 personas.

Porque el #JeSuisCharlie tiene un tinte que no todos quieren seguir. Se puede ser defensor de la libertad de expresión, a pesar de que no disfrutes el humor de este tipo de publicaciones, como lo es aquí en España la Revista Mongolia. Pero la libertad de expresión es, precisamente, no disfrutar de su humor y que aun así, dejar hacer. El mejor ejemplo lo tenemos en el tuit que corrió como pólvora por las redes sociales y del que muy pocos medios se han hecho eco. El #IamNotCharlie #IamAhmed:

Yo no soy Charlie. Soy Ahmed, el policía muerto. Charlie ridiculizó mi fe, y yo he muerto defendiendo su derecho a hacerlo.

Todos tenemos derecho a no ser Charlie y esa es, precisamente, la libertad. La libertad de expresión supone que no todos estemos contentos, porque no todos somos iguales. Gracias a la libertad de expresión, Juan Manuel de Prada puede escribir en su rancio ABC una opinión que a mí, gracias a la libertad de expresión, me parece abominable. La libertad de expresión hace que la mayor parte de los fervientes cristianos que se sienten ofendidos cuando ven caricaturas de ese dios, amo de toda su idolatría, alcen la voz; pero también permite que esos humoristas cumplan su labor en la vida de tomarse a risa lo que otros se toman en serio.

Todos tenemos derecho a sentirnos ofendidos —¡yo me acostumbré a los chistes de gallegos!—, pero más derecho tenemos a tomarnos las cosas con humor. Y la libertad es que, seamos o no seamos Charlie, todos estemos de acuerdo en que no hay ningún dios en todo el universo que permita y fomente los asesinatos en su nombre. En todo lo demás podemos discrepar.

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