Versión en-otro-mundo

Ayer me encontré con una compañera y hablamos, cómo no, de esta nuestra maravillosa carrera. De lo de moda que está meterse con la nueva página de Manuela Carmena, Versión Original, y de lo de olvidarnos de lo que es en realidad nuestra profesión. En nombre de todos, unos pocos se han atrevido a señalar la idea como un intento de censura olvidando que vivimos en un país donde fotografiar una actuación policial es, literal y legalmente, cuestionable.

Hablábamos sobre todos esos, pequeños y grandes, que alguna vez han descolgado el teléfono para preguntar por Menganito García para pedirle que, por favor, que no, que su titular hacía entender una cosa que el tal, pequeño o grande, no había querido decir en su rueda de prensa, conferencia, discurso, briefing o lo que fuera. De todos los que, de algún modo, han intentado modificar un enfoque para enfocarlo en el institucional, en el bueno.

Hace no mucho —y esto quizás más a menudo— hablaba de esos otros que una, dos, doce y quinientas veces han escrito algo sin llamar, sin esperar, sin preguntar, con la base de una fuente que se encuentra agitando una guía telefónica y señalando, al azar, un número de teléfono.

No sé en qué mundo viven todos esos que se quejan de la supuesta censura de Carmena, del Gobierno de Madrid, de los podemitas y de todo lo que se aleje medianamente de lo tradicionalmente establecido. En mi mundo siempre ha habido uno o cientos que se han molestado en llamar a una firma o a cientos de ellas para preguntar, amablemente, si fuera posible modificar cierto titular, o párrafo, o quizás una coma, que las comas sirven para mucho. Y también ha habido en el mundo en el que vivo muchos, muchísimos que publican sólo por ser el primero, independientemente de la calidad o rigor de las palabras que salen de sus teclados —y muy a menudo, con faltas, oigan—.

Que ahora los que quieren llamar para pedir la rectificación de turno lo hagan, en lugar de bajo el amparo que da el anonimato de una llamada telefónica desde el baño del despacho, a través de una página web les parece censura. Quizás ellos vivan en otro mundo diferente al mío, entonces.

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