Titulares que no hablan

¿Para qué sirve un titular que no dice nada? Algunos de los profesores que intentaron enseñarme en la carrera se echarán las manos a la cabeza al ver este reciente fenómeno del clic fácil.

Hace no mucho, José Esteban Mucientes, consultor de marketing online, explicó de forma brillante qué eran los titulares cebo en un texto publicado en Sabemos. Y precisamente el titular de su gloriosa obra era Haz doble clic aquí: el resultado del primer clic te sorprenderá. Años ha, hartos estábamos de aquellas cadenas escritas a máquina sobre un papel arrugado y mirábamos al que nos las entregaba con cara de «Pobrecito, no le deben de querer mucho en casa». Después llegamos a la universidad y nos cansamos de ver los carteles de SEXO GRATIS que en realidad nos vendían el alquiler de una sala de fiestas, un nuevo establecimiento donde hacer fotocopias o cualquier cosa que pudiera estar mínimamente relacionada con la vida universitaria. Pero al menos sabíamos que eran tácticas y, sobre todo, cosas un poco tontas.

Ahora, abrimos el periódico —en sentido figurado, ya que pocos somos los que leemos la prensa en papel, al menos todos los días— y nos encontramos con que, en medio de las crisis, las guerras, las disputas, los debates y las campañas electorales, los dúplex reales y la independencia de Cataluña, tenemos ahí, como queriendo salir de su caparazón, esos titulares cebo que nada cuentan. Si ya teníamos que lidiar con periodistas que no saben responder a las 5W en sus textos, ahora tenemos que hacerlo también con otros que han decidido que nuestro cociente intelectual es el de un mosquito tigre.

Reconozco —por si alguien se molesta en rebuscar— que yo he tenido que presentar una historia así. Una vez. Creo que no dos. La historia era buena, también lo reconozco, pero lo más importante no fue que la historia fuera buena, sino que una buena historia había dado la vuelta al mundo. La historia de Pepita Pérez que dio la vuelta al mundoLa reacción que te sorprenderá. El comentario de Fulanito Ménguez que dejó helado al Congreso. La niña que supo enfrentarse a todos. Detrás de toda esta basura, puede haber historias muy buenas y, sobre todo, periodistas aún mejores que saben contar una buena historia. Pero nos la han colado con los titulares que no dicen nada. El titular tiene que enganchar, decían. Pero ahora somos tan vagos que ni siquiera nos molestamos en pensar algo que pueda llamar la atención. Ponemos puntos suspensivos, ¡exclamaciones!, verbos que jamás habían formado parte del buen hacer periodístico. Y nada de contenido. No decimos qué. Ni quién. Ni cómo. No decimos. No comunicamos. Pero nos seguimos llamando comunicadores.

No culparé de todo, desde luego, a los que creen que sus lectores son tontos. Culparé también a los lectores que no exigen. A los que hacen clic, no se sorprenden… pero se callan y no piden más. Porque la culpa de la caída del periodismo no siempre ni toda es del periodista.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s