Lanzarse a lo audiovisual sin paracaídas

Internet ha cambiado radicalmente la forma de hacer periodismo. Para lo bueno y para lo malo, las plataformas web y las redes sociales se han encargado de darle un tono más moderno a la prensa tradicional, aunque como con todo, no todos los medios han sabido aprovechar las bondades de la revolución tecnológica.

De un tiempo a esta parte, se le ha empezado a dar más valor a lo audiovisual en detrimento de la palabra, algo que no siempre es negativo. Pero una vez más, se nos ha olvidado que no se deben hacer experimentos sin estar experimentados y nos hemos lanzado a incluir en nuestros portales lo audiovisual sin paracaídas.

No soy ninguna experta en audiovisuales, desde luego, mi único paso por la radio fue un auténtico desastre. Pero precisamente por ello, porque sé todo lo que hice mal y porque creo que debemos tener capacidad crítica para ver qué cosas están bien hechas y qué cosas no, me lanzo a dar algunas recomendaciones que, en mi humilde opinión, podrían hacer del periodismo audiovisual novato algo un poco menos lamentable.

Debemos partir de la base de que no debe locutar quien no sabe locutar. Al igual que exigimos a los periodistas que sepan escribir (ejem… aunque no todos lo cumplan), debemos exigir a quien se lanza a poner su voz o su presencia delante de una grabadora o de una cámara que lo haga con conocimientos. Para locutar hay que saber respirar, porque hay que evitar ahogarse, y redactar de manera que no nos quedemos con frases a medias. Hay que saber mantener el tono y no hacer pausas innecesarias. No tiene ningún sentido que metamos temerarias comas en descansos imposibles, ya que hacen que lo que decimos pierda sentido.

Ante una cámara hay que saber buscar un plano. Igual que las fotografías que saco desde mi teléfono móvil —algunas de las cuales creo, personalmente, que son maravillosas— no se van a llevar ningún World Press Photo porque no tengo nociones de fotografía, no cualquier persona puede colocarse tras una cámara de vídeo. Hay que tener en cuenta los planos, las luces, las distancias, todo. Pero también el reportero tiene que saber cómo actuar ante el objetivo: vestimenta, manera de actuar, de moverse, de hablar. Y lo más importante: qué decir. Si no tienes un telepromter, tienes que aprenderte el texto y no pasa nada si lo llevas en papel en la mano, mucho mejor que empezar a decir chorradas al aire, sin sentido. Esto, siempre y cuando, desde luego, no sea un directo, que eso es harina de otro costal.

¿Y los sonidos? No hay nada más cutre en esta vida que grabar un reportaje, una entrevista o un lo que sea y que por encima de la voz del reportero esté el sonido ambiente. Ya no hablamos de las sirenas de las ambulancias en un accidente, que sitúan el contexto, o el griterío en una manifestación, no. Hablamos del zumbido del escenario. Del zzhh… que suena continuamente cuando no trabajamos con un buen equipo, o cuando lo hacemos sin tener ni idea.

Pero, realmente, ¿a quién le importa todo esto? Si hacer las cosas bien ya se nos ha olvidado.

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