Viralidad, la enfermedad del periodismo

El día en que los periódicos, las radios, las televisiones dejaron de estar dirigidas —que no gestionadas— por expertos periodistas con reconocida experiencia, todo se fue al garete. El periodismo no ha sido, al menos en mi memoria, nunca una profesión de las que den orgullo ante la sociedad. Por mucha vocación que uno tenga, pesa más el terror ante la posibilidad de que en el momento en el que se diga que uno es periodista, le acusen de. Manipulador. Mentiroso. Interesado. Lo cierto es que es difícil desvincularse de todos esos adjetivos cuando una parte, minoritaria pero ruidosa, sí es todo eso.

Pero a este se le suma un enorme problema que ha venido asociado a la introducción de las nuevas tecnologías en la forma de hacer periodismo: la viralidad. Si hay una cosa que me taladra el oído cada vez que lo oigo y me hace sangrar los ojos en cada tuit es cualquier cosa que empiece o acabe por «lo más viral».

Los titulares han dejado de informar para tratar de buscar la curiosidad del lector utilizando trucos de elemental, apelando a lo más primitivo, buscando el morbo que todo espectador sabe que tiene, a una profundidad u otra. La reacción de Fulanito de Tal no de dejará indiferente. Quiso sorprender a su madre y esto fue lo que ocurrió. ¿Qué? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Por qué? Hemos dejado de hacernos las preguntas importantes para pasar a sumarnos a una moda de internet que poco o nada tiene que ver con la profesión periodística.

No es ilícito querer ganar ‘clicks’, no es sorprendente que se busque, recurriendo a diferentes métodos, la visita. Lo que no es sano es que se haga con técnicas que no sólo difieren, sino que están exageradamente alejadas del periodismo. No es sano. 

Últimamente, por buscar la viralidad, que hasta hace bien poco era algo sumamente negativo, asociado a la enfermedad, a algo que ninguno queríamos adquirir, se ha pasado por alto la noticia. Y ha empezado a importar más la reacción que la acción en sí. Un vídeo de cómo una madre salva a su hijo de las garras del Estado Islámico se hace viral y da la vuelta al mundo. ¡Paparruchas! (¡Qué término!). La noticia es que una madre logra salvar a su hijo de los garras de un cruel grupo terrorista que le ha lavado cerebro y le ha llevado a uno de los países más peligrosos para formarlo como combatiente con el objetivo de atacar a los países que no cumplan con su ley islámica. Pongo por caso. ¿Por qué os habéis empeñado en cambiar el foco de la noticia? Habéis convertido el arte de titular, un arte que no todo el mundo consigue dominar, en una puñetera enfermedad.

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Una respuesta a “Viralidad, la enfermedad del periodismo

  1. Desgraciadamente, tienes toda la razón Tamara. Viralidad es la mucha tontería (memez genuina, no impostada) que siempre ha aquejado a la sociedad.

    Antes, le costaba pasar el corte del sentido común y de la vigilancia de los ‘chusqueros’ de la información que, a base de años de oficio, habían aprendido a separar el trigo de la paja.

    Ahora, con las redes demenciales, donde se da pábulo a todo, sobre todo si es llamativo, nos bombardean con basura supuestamente informativa y con titulares bochornosos, por su pobreza léxica y, con frecuencia, por su contenido filofascista, de esos que acaban en “y recibe lo que se merece”.

    Muy muy penoso.

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